Before everything starts
Something felt off with my body, but I didn’t know what it was. I had been on birth control for 12 years because I was told I had ovarian cysts and that the pills would help regulate my cycle. That was the “truth” I was given since my first visit to the gynecologist at 13 years old, and now I’m 28. My body was screaming, “Stop,” but I wasn’t listening. I was completely deaf to what it was trying to tell me. Something felt wrong, but life went on.
I studied nutrition and began to understand the world of food—the science behind how it interacts with our bodies and, most importantly, the impact it has on our daily lives. I wanted to teach people how fascinating it all is, how food can transform their health. That’s how Right Balance was born—a space created to help others find equilibrium. It sounded easy, right? Find your balance. Everything I read in books made it seem so simple. But life taught me otherwise.
I grew up believing that my body wasn’t enough—that I didn’t have the curves I was “supposed” to have, that my waist wasn’t thin enough, that my hair wasn’t straight enough. These thoughts were ingrained deep within me, and for years, I rejected my own body. I became obsessed with achieving the "ideal" figure, pushing myself through intense workouts every day without rest, restricting my food throughout the week, only to lose control on weekends. When I allowed myself to eat outside my strict diet, I couldn’t stop. I felt the need to eat everything I wouldn’t be able to have once Monday came around. My mind kept repeating: Paola, you’ve already ruined everything. You’ll never make progress. Look at how others do it, but you’re just not capable.
This cycle of restriction and guilt consumed me. Every time I looked in the mirror, I struggled to find anything beautiful in my reflection. If a guy didn’t talk to me but talked to my friends, I convinced myself it was because of my body. My self-worth was entirely based on how I looked.
And yet, I kept pretending to be the perfect coach: Find your balance. If you eat poorly one day, it’s okay. It’s all about the 80-20 rule, I would tell others. But the truth was, I wasn’t living by my own words. There was a deep disconnect, and no one was listening to me. The few clients I had would come and go. I started questioning myself—What am I doing wrong?
I asked life for answers, and it showed me the truth: before I could help others, I needed to help myself first. I had to heal, to find my own balance, to love myself. And, as always, God was guiding me. Somehow, I started learning about hormones, polycystic ovary syndrome (PCOS), and how to truly understand my cycle. That’s when I discovered the feminine power that lives within each of us—the deep, internal force of our soul, our cycles, and the unique role that each phase plays in our lives. And from that moment on, everything started to make sense…
Antes que todo empezara…
Algo no estaba bien con mi cuerpo, pero no sabía qué era. Llevaba 12 años tomando pastillas anticonceptivas porque me dijeron que tenía quistes en los ovarios y que eso me ayudaría con mi ciclo. Esa fue la “verdad” que me dijeron desde mi primera visita al ginecólogo a los 13 años, y ahora tengo 28. Mi cuerpo me gritaba, "Para", pero yo no lo escuchaba. Estaba completamente sorda a lo que me decía. Algo se sentía extraño, pero la vida continuaba. Estudié nutrición, empecé a comprender el mundo de los alimentos, la ciencia detrás de cómo interactúan con nuestro cuerpo y, sobre todo, el impacto que tienen en nuestra vida diaria. Quería enseñarles a las personas lo interesante que es todo esto, cómo transformar su salud a través de la comida. Así nació Right Balance, un espacio creado para ayudar a encontrar ese equilibrio. Sonaba fácil, ¿verdad? "Encontrar tu balance". Todo lo que leía en los libros parecía tan sencillo, pero la vida me enseñó que, en realidad, no es tan fácil.
Crecí con la idea de que mi cuerpo no era suficiente: que no tenía el busto o el trasero que "debía" tener, que si mi cintura no era lo suficientemente delgada o si mi pelo no era liso, entonces no era lo que se esperaba. Durante años rechacé mi cuerpo, lo vi como insuficiente. Me sumergí en la obsesión de alcanzar un cuerpo "ideal", desde que tengo recuerdos, haciendo entrenamientos intensos todos los días, sin descanso, restringiendo mi comida toda la semana. Y cuando llegaba el fin de semana, no podía controlar las ganas de comer hamburguesas, pizza, y dulces infinitos. Cuando finalmente me permitía comer fuera de la dieta, perdía el control, sentía la necesidad de comer porque sabía que el lunes ya no me lo podría permitir. Mi mente solo decía: “Paola, ya lo arruinaste todo, nunca vas a avanzar, mira cómo lo hacen los demás, pero tú no eres capaz.” Mi situación se volvía aún más restrictiva, y cada vez que me miraba al espejo, no podía encontrar nada bonito en lo que veía. Si algún chico no me hablaba y a mis amigas sí, pensaba que era por mi cuerpo, y basaba toda mi autoestima en mi apariencia.
A pesar de todo eso, seguía pretendiendo ser la coach estrella: “Encuentra tu balance. Si comes mal un día, no pasa nada. Dieta y ejercicio, todo es sobre el 80-20”, les decía a los demás. Había una desconexión entre lo que predicaba y lo que realmente sentía, y nadie me escuchaba. Los pocos clientes que tenía venían y se iban. Me preguntaba qué estaba haciendo mal. Le pedí respuestas a la vida, y me mostró que, para poder ayudar a los demás, primero tenía que ayudarme a mí misma. Tenía que sanar primero, encontrar mi propio balance, mi amor propio. Y, como Dios me mostró, Él siempre me ha apoyado. De alguna forma, comenzó a enseñarme sobre las hormonas, el síndrome de ovarios poliquísticos, y cómo entender mi ciclo. Fue ahí cuando descubrí el poder femenino que reside en cada una de nosotras: el poder interno de nuestra alma, de nuestros ciclos, y la función única de cada fase que vivimos. Desde ese momento, todo comenzó a tener sentido…